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Entre la carencia y el desarrollo

Cuando estamos en casa nos sentimos protegidos, pues dentro del seno familiar es donde nuestra seguridad se fortalece ante cualquier riesgo físico y social. Lo cierto es que las condiciones entre una casa y otra son diferentes, -sobre todo hablando de las diferentes regiones-.

La vulnerabilidad en la salud física y mental se da principalmente en aquellas viviendas que cuentan con  piso de tierra, carecen de agua y no tienen luz. No tener tales servicios, resta las posibilidades de desarrollo, pues por sentido común, la salud física y mental se ve afectada ante la falta de higiene, de recreación y ampliación del espacio educativo, pues éstas últimas, dependen de las horas que se cuenta con sol.

Tales circunstancias llevan a las personas a sentir el llamado síndrome de impotencia, al verse en desventaja ante dos realidades que pueden entender a través de medios de comunicación o por experiencia propia.

Bien dicen que no podremos entender tales contextos sino los vivimos, sin embargo, si nos ponemos en los zapatos de “los otros”, fácilmente identificaremos que bajo esos estilos de vida es difícil tener una estancia saludable, provechosa y agradable.

Este rezago en la proporción de servicios públicos-necesarios, no pueden quedar entre los asuntos no-importantes, ya que cualquier sociedad que desee desarrollo y progreso, debe llevar ventajas a todos sus habitantes, de otra manera los estándares que evalúan el crecimiento y desarrollo de sus ciudadanos, siempre le señalarán el atraso u omisión de comunidades con carencias, en las que la tierra –por ejemplo- es uno de los juguetes al que pueden acceder los niños y en donde las enfermedades gatrointestinales forman parte de su cotidiano vivir y donde el sentir de sus habitantes sea de desolación, por visualizarse en una vida diferente que les hace inalcanzables sus deseos de superación.

Hay una idea muy arraigada en aquellos que se cuestionan por qué la pobreza sigue existiendo,  y está relacionada con que a la clase política le conviene dejar éstas carencias, para mantener el control social.

Creo que en la actualidad, es a través del interés y participación de las personas, como se puede modificar esa idea, para tener una realidad distinta para todos. Si no hacemos nada por mejorar y solamente nos quejamos, nos quedaremos esperando, pues los beneficios no llegan solos, sino a través de solicitarlos, justificarlos y trabajando para tenerlos.

En Querétaro afortunadamente la sociedad es participativa, los apoyos cada vez están más cerca y la realidad para todos es diferente. La vida aquí tiene futuro.

¿Cómo quieres vivir tú?

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Sismos que humanicen

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Hay días en que amanece tan claro y la ruta es específica, sin embargo hay días que despertamos y está nublado, lo que nos demuestra que la lógica exacta no aplica y hay que estar pendientes del azar.

Nadie, ni los especialistas en meteorología pueden adivinar con exactitud el clima del día siguiente, la naturaleza tiene una actitud parecida a la del ser humano, es complejo, incierto, complicado, todo un reto, pues nos puede llenar de tranquilidad y de bienestar, pero también causar agobios que nos sumergen en el pánico.

Hoy volvió a temblar en México, un terremoto con epicentro en Guerrero que  replicó su movimiento en varios estados como el Distrito Federal, Puebla, Oaxaca, e incluso en mi Querétaro Lindo. Al enterarnos nos sumergimos en el miedo, pensamos en los seres queridos y hasta en quienes no son de nuestra familia, sin embargo, el sentido común-humano, te lleva a sentir por los demás, es inevitable.

En momentos de crisis e incertidumbre, es preciso ser inteligente, paciente y solidario, actitudes que deberían prevalecer por siempre entre nosotros, porque como dice Sartori, “todo es un riesgo”, entonces me pregunto ¿qué nos pasa que hacemos que no pasa nada?

Si comparamos los movimientos tectónicos con los que el ser humano siente en su esqueleto cada vez que siente miedo, cuando algo le duele, le preocupa o le emociona, nos daríamos cuenta de lo importante que es entendernos, ayudarnos y humanizarnos.

Sin querer profetizar, ni siquiera hablar de alguna ideología o religión, creo fielmente en que las cosas que nos suceden tienen un mensaje de por medio. El ser humano es vulnerable ante su entorno, por ende, sino se suman ayuda a los demás, la sobrevivencia siempre parecerá un reto enorme.

Hoy me pregunto, mañana y siempre me preguntaré muchas cosas, como ayer, como mañana, y como siempre. Soy periodista.

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La esperanza ante la incredulidad

Me pregunté de repente, por el significado de la esperanza, en un tiempo donde el concepto es hasta un reto pronunciarlo, pues entre tanto incierto, es más probable encontrarnos con personas que ya no creen tanto. Sin embargo, me cuestiono ¿por qué dejar que se nos escapen esas ventanas que pueden tener oxígeno puro?

Entre más pasa el tiempo, menos magia se queda en nosotros, hasta dejar que la rutina nos haga ver el multicolor, solamente en gris, blanco o negro. Creo que la vida no es tan drástica aún, como para quitarle sus distintas tonalidades.

Entonces busqué respuestas en donde las letras, al recordar a Julio Cortázar cuando decía que “los libros son el único lugar de la casa en donde aún se puede estar tranquilo”, porque más allá de temerle a la incredulidad que puede calificar mis cuestionamientos como ridículos, son las palabras de otras personas que se dedicaron a buscar la misma respuesta, quienes me podrían acercar a ella.

¿Qué han pensado los hombres acerca de la esperanza?

Encontré infinidad de posturas, desde las románticas, hasta las más radicales y caigo en cuenta de que la esperanza es esa ventana que nos invita a creer, confiar y continuar. Muchas veces sabemos de antemano que es mejor extinguir esa llamita que se enciende, pero por alguna razón, la sostenemos como un motivo para seguir.

Siendo objetiva, la esperanza en la vida es lo que nos lleva a construir el futuro. La esperanza nos obliga a tener memoria, porque debemos recordar lo que queremos lograr y a idear cómo vamos a llegar hasta ahí, aunque en el camino las decepciones nos ataquen como proyectiles mortales, la esperanza nos fortalece a seguir.

Cuando recordamos esperamos y cuando es así, entonces existimos.

Todos de alguna manera, aunque lo neguemos, tenemos esperanzas, por alguna razón aún seguimos aquí.

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Ser Periodista…

Antes el periodismo era considerado un oficio porque no era necesario estudiar una carrera para poder ejercerlo. Después comenzó a crecer su importancia con los estudios técnicos, sin embargo, es hasta los estudios universitarios cuando se ha convertido en una verdadera profesión, independientemente del ejercicio de cada reportero, porque ese ya es un tema aparte.

Este avance hace difícil pensar que todos pueden hacer periodismo, a pesar de que algunos –que no tienen los conocimientos necesarios- piensan que lo pueden hacer. Lo hacen, pero sin las bases necesarias para entender la importancia de ésta profesión y las necesidades de la sociedad para ofrecerlo como un instrumento realmente informativo y formativo.

Me opongo a pensar que la situación de los periodistas en el mundo siempre serán las mismas. El mundo se transforma ¿por qué decir que los periodistas y la forma de hacer periodismo no?

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Los sentimientos a través de la literatura…

Son pocos los escritores que le dan voz a los silencios o a las circunstancias que se obvian en la vida. Lo que está alrededor de nosotros, es lo que hace sintonía con el resto de los momentos que respiramos, de eso es de lo que habla Banana Yoshimoto, una escritora japonesa que ha atrapado a través de un lenguaje sencillo e ingenuo a más de un lector dispuesto a escuchar esas voces que han permanecido en el anonimato, mudas.

A pesar de que la literatura japonesa resulta compleja en esencia, al representar en primer  término una diferencia cultural con el mundo occidental –por ejemplo-, la escritora logra poner en común esas circunstancias que cuenta, con las experiencias de otras personas, de otros países.

“El cielo aún estaba oscuro; el olor asfixiante del verano impregnaba el aire fresco. Había poca gente en la calle, unos que hacían deporte y corrían, otros que volvían a sus casas, que paseaban a sus perros, algún que otro anciano. En comparación con todos ellos, que tenían un objetivo, sólo yo, que recorría las calles como una autómata, con lo puesto, parecía un espectro errante al amanecer”. (Sueño Profundo).

Desde el libro: Sueño Profundo, la atracción por las historias de ésta autora, me han llevado hasta Relatos de un callejón sin salida y en la maleta de libros en espera está Kitchen. Banana Yoshimoto es buscada porque a través de afirmaciones verdaderas, logra además sanarnos el alma con sus letras. No sé por qué, pero es así.

“La felicidad llega sin llamar la puerta, al margen de situaciones y circunstancias que la rodean a una, con una independencia casi cruel. No importa en qué situación te halles o con quien estés. No se puede predecir. Es imposible fabricarla a nuestro antojo. Puede aparecer al siguiente instante o no hacerlo nunca, lo que convierte nuestra espera en un esfuerzo vano. Es imprevisible, igual que las olas o el tiempo. Los milagros siempre están al acecho y, ante ellos, todos somos iguales”. (Recuerdos de un callejón sin salida).

La literatura japonesa es sumamente sensible y altamente recomendable, porque a pesar de desarrollarse en medio de la tecnología y el desarrollo económico en país que avanza rápidamente, nos recuerda la importancia de conservar los sentimientos, independientemente de los valores y las costumbres que existan en éste mundo. Los anticipa como la plataforma para ser y permanecer en éste mundo que en la actualidad parece olvidarse de quienes están a nuestro lado, de quienes tenemos cercanos.

Recomiendo leer literatura japonesa o cualquier otra, así como los diferentes géneros. Lo importante es no perder el hábito de la lectura. Nos da bases, perspectiva, criterio, capacidad de análisis, inspira el alma y nos permite entendernos. Dicen que las  mujeres que leen son más peligrosas, por el sólo hecho de percibir la realidad en muchas dimensiones. Por eso, yo leo.

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De regreso…

Hace meses que estoy fuera de circulación de este mundo de las letras ciberéticas. Esta Ausencia me hizo olvidar la contraseña de mi anterior blog: http://alter-focus.blogspot.com lo bueno es que este mundo nos permite buscar nuevos y mejores espacios para expresar nuestros pensamientos enletrados.

He vuelto. Antes era una universitaria enamorada de la escuela. Luego, apasionada del periodismo. Y ahora sin perder esa esencia guerrera, regreso también como la mamá de Ana Regina. Estoy en una fase magnánima, exquisita y llena de sopresas diarias. Feliz y madura.

Busco para encontrarme.

Bienvenidos a mi mundo casi oculto de letras.